En 1865 Segundo Sierra Pambley guardó en su archivo familiar un impreso sin cumplimentar de la Bula de Pio IX que eximía de cumplir la vigilia, tras el pago de dos reales de vellón, y permitía consumir carne en los días de Cuaresma y demás abstinencias del año. Eran excepción el Miércoles de Ceniza, la Semana Santa y los viernes de Cuaresma, aunque había que mantener la forma de ayuno cuaresmal en la que era precepto realizar una sola comida al día.

Este modo de financiación tuvo su origen en la necesidad de la iglesia y los estados de sufragar los gastos de las campañas militares para recuperar Tierra Santa. Comenzó en 1064 con La Bula de la Santa Cruzada ordenada por Alejandro I. Desde el siglo XVI algunas de las necesidades económicas del clero se sufragaron con la venta de privilegios e indultos hasta que en 1966 el papa Pablo VI extinguió su uso.

En la actualidad, se solicita la dispensa habitualmente para cualquier celebración con participación de católicos que conserven esta costumbre, como bodas, bautizos o comuniones. Aunque es de carácter gratuito, se sugiere un donativo.

Durante la cuaresma del año 2020, en plena pandemia por la Covid-19, el Obispo de Metuchen (Nueva Jersey, EE. UU.) concedió el permiso de consumir carne en Cuaresma, pues la situación creada por el coronavirus ya había supuesto suficiente sacrificio para sus feligreses.