Hoy continuamos con nuestra “jardesía” para que explores los secretos poéticos de nuestro jardín. Una de las flores que podrás encontrar es la celinda, también llamada filadelfo. Este curioso nombre tiene una historia muy peculiar: “la celinda debe su nombre genérico, Philadelphus, al griego philos, amor, y adelphos, hermano: amor fraternal. Al parecer, su origen se remonta a un faraón de origen griego: Ptolomeo II Philadelphus, que reinó en el siglo III a.C. Según la costumbre egipcia, se casó con su hermana, lo que fue imitado por la mayoría de sus sucesores. Este Ptolomeo se hizo rendir culto como divinidad en vida junto a su hermana-esposa, como dioses filadelfos, es decir, dioses-hermanos que se aman. Es la misma etimología del nombre de la ciudad norteamericana Filadelfia”.

Jorge Guillén escribió un maravilloso poema a esta flor.

 

Sobre el ramaje un blanco

Bien erguido. ¿Qué arbusto?

Flor hacia mí. La arranco,

Fatalmente la arranco: soy mi gusto.

 

Esta flor huele a…

¿A jazmín?

No lo es.

¿A blancura?

Quizá.

Yo recuerdo el ataque de esta casi acidez

Como un sabor aguda.

Un sabor o un olor. Y un nombre fiel. Tal vez…

¡Sí, celinda! Perfecta: en su voz se desnuda.

 

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