Cuando en 1922 Howard Carter rompió los sellos de la puerta de la tumba de Tutankamón, la egiptomanía se extendió por toda Europa como una exhalación de polvo antiguo.

En ese mismo tiempo la biblioteca de la Escuela de León de la Fundación Sierra Pambley estaba suscrita a “El Consultor de los bordados: periódico quincenal de dibujos prácticos y modernos para bordados, encajes y toda clase de labores femeniles” que incluía en una lámina a color una escena con dos sacerdotes del dios Anubis, el de la cabeza de chacal, señor de los embalsamadores, ante la flor de loto, la pureza, y bajo el escarabajo alado, el sol naciente, el símbolo de la resurrección.

A través de motivos florales modernistas de rico colorido y tallos curvos y sinuosos se abrió camino en León, entre puntada y puntada, el exótico mundo del Antiguo Egipto.