Hoy continuamos con nuestra ya famosa jardesía. Todo el jardín de la Fundación Sierra Pambley gira alrededor de un arbusto o arbolillo retorcido de frutos colorados como pirámides de terciopelo. Su nombre científico, Rhus typhina , refiere el rojo intenso de sus hojas en otoño y de sus frutos en verano. Tiene tal capacidad colorante que desde antiguo se utilizó para teñir los paños de seda, algodón y lana, y teñir de negro los cabellos con el agua de cocción. La riqueza de sus taninos, flavonoides y aceites esenciales se ha usado en medicina contra las diarreas y afecciones de la piel y como tónico para evitar el envejecimiento por su alta concentración en antioxidantes, aunque su potencial tóxico también es elevado.

Es el zumaque y fue desde la antigüedad usado en España como el agente curtidor más empleado, aunque de olor tan desagradable que Covarrubias afirma en 1611 que es como de sentina de barco. Los cordobanes, esa producción cordobesa de repujadas, finas y brillantes pieles de cabra tratadas con taninos de hojas de zumaque y teñidas de un llamativo color rojizo con a sus flores son su legado más preciosista.

Rafael de León le dedicó este curioso poema:

Gastan los curtidores el zumo del zumaque,

una mediana hierba que entre las piedras crece.

Tiene gruesa las hojas, por el cerco aserradas

y bermejas un tanto. Se producen sus frutos

en racimos que igualan a los del terebinto,

y a sentina de buque espesamente hieden.