La educación que se llevaba a cabo en las escuelas Sierra Pambley en el siglo XIX tenía como piedra angular la figura del maestro. Ya lo decía Cossío: “Tengo un fe inquebrantable en el maestro”. Una de las pruebas más claras de esto es la carta que don Paco Sierra, el fundador, enviaba a los nuevos maestros que se incorporaban a la Fundación.

Joaquín López Contreras, presidente durante muchos años de esta institución, la transcribe en su artículo “La Fundación Sierra Pambley y la Institución Libre de Enseñanza” (Breviarios de la Calle del Pez, 1986) y hoy la compartimos aquí. El documento está fechado el 24 de septiembre de 1889 y se dirige a Segundo Álvarez, profesor de la escuela de Moreruela de Tábara.

“Muy Sr. mío: Con esta fecha escribo a D. Leonardo Quirós diciéndole que es Vd. el nombrado para reemplazarlo y que haga a Vd. entrega de libros, material de enseñanza y mobiliario escolar. El sueldo de Vd. será de cinco mil ochocientos reales anuales según he manifestado a Vd. de palabra, y tendrá un mes de vacaciones desde mediados de Julio a mediados de Agosto, todo el mes de Agosto si Vd. lo creyere más conveniente.

Son de cuenta de la Fundación todos los gastos que ocasione la enseñanza, los de calefacción de la clase durante el invierno y los de correspondencia con el Fundador o el Patronato.

[…]

Procure Vd. que los chicos vayan siempre limpios a la escuela, y trátelos con cariño a fin de que asistan con gusto, único medio de que se despierte en ellos el deseo de saber y aprovechar cuantas ocasiones se presenten para inculcarles ideas de honradez y buenas costumbres.

[…]

Nada de libros de texto para los chicos: que escriban en sus cuadernos las ideas que recojan de las lecciones que Vd. les dé, a fin de que se desarrolle en ellos el entendimiento con preferencia a la memoria.

Procure estar Vd. en buena armonía con el Sr. Cura y con todo el mundo, no mezclándose en cuestiones de la localidad ni en elecciones; pero sin aceptar ni consentir imposiciones de nadie, porque la Escuela depende sólo del Fundador y, a su fallecimiento, del Patronato que tiene nombrado.

Tenga Vd. muy presente que el maestro está siempre enseñando a sus discípulos dentro de la Escuela, y a las demás gentes fuera de ella. Por eso es preciso que sea modelo de buenas costumbres y en el cumplimiento de sus deberes que lleve una vida ejemplar, absteniéndose de tabernas y cafés y de toda reunión que no tenga objeto honrado.

 

Avíseme Vd. recibo de esta carta a Hospital de Orbigo, para donde sale mañana su Afmo. sgo. servr. F. Fz. Blanco”.