“Era don Paco de pequeña estatura, de pulcritud extrema, austero hasta la exageración, de una sobriedad a toda prueba y de un carácter en el que se combinaban de manera perfectamente armónica la familiaridad y el señorío, sin caer jamás ni en la vulgaridad ni en el orgullo. El invierno lo pasaba en su casa de Madrid. En la primavera, cuando llegaba la época del esquileo de las ovejas, se trasladaba a sus dehesas y pasaba cuatro semanas instalado en una habitación de los guardas, más austera y desnuda que la celda de un cartujo. Terminado el esquileo, y cuando los rebaños emprendían su marcha hacia los “puertos” de Babia, don Paco se instalaba en su casa de Hospital de Órbigo, en la que esperaba su paso hacia las montañas leonesas. El mes de junio lo pasaba en León, y los de julio y agosto en Villablino. En el otoño volvía a hacer, en sentido inverso, el mismo recorrido de la primavera, a saber: León, Hospital de Órbigo, donde veía pasar a los rebaños de vuelta a sus pastos de invierno; las dehesas de Zamora hasta que les dejaba instalados en sus apriscos para la invernada; y allá para primeros de noviembre retornaba a su casa de Madrid, coincidiendo con el principio de la temporada de ópera en el Teatro Real, que seguía fielmente”.

Esta fantástica descripción de don Paco Sierra, el pródigo sembrador de escuelas y creador de la Fundación Sierra Pambley, fue publicada nada menos que por Pablo de Azcárate en la revista Papeles de Son Armadans en 1964. Te invitamos a continuar la lectura de este maravilloso texto y conocer así un poco más sobre los orígenes de esta fundación que, 133 años después, sigue fiel al espíritu de su fundador.

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