Cuando viajes en diligencia hay varias cosas que debes tener en cuenta:
 
– “La Compañía no se hace responsable de los objetos frágiles, ni de las sombrereras de cartón, y solo cubre la pérdida del equipaje si no es por robo a mano armada o por incendio”
– “No abona indemnización alguna por retrasos o detenciones imprevistas, ni por los perjuicios que los viajeros experimenten a consecuencia de vuelcos, roturas o accidentes inevitables del servicio”
 
Procedente del vocablo latino “diligentia”, diligencia se define como “la prontitud, agilidad y presteza en el obrar, y particularmente en las acciones de ir y venir”. Desde antiguo La Diligencia, la virtud cardinal contraria a la pereza, se representaba como una mujer con espuelas y en ocasiones con una fusta en la mano. Con estas acepciones es fácil comprender el uso del término diligencia para denominar el transporte de viajeros que comenzó a generalizarse en España en torno a 1817.La revisión del Diccionario de la Real Academia de ese mismo año aún no recoge esta nueva acepción, que aparece en el diccionario de 1884, cuando el viaje en ferrocarril prácticamente la ha suplantado, en un progresivo declive que comenzó en 1860. “Un coche grande que camina periódicamente por determinada carrera llevando a varias personas y en término más breve que los carruajes ordinarios de camino”. Muy rápido. Algo menos seguro.
Francisco Fernández Blanco Sierra Pambley compró su billete de regreso a León en Valladolid, de vuelta de su viaje por Italia, Francia y Suiza en 1857, por 139 reales de vellón. Traía como equipaje un baúl y dos sombrereras, un bastón que envolvía un estoque para su defensa personal y una serie de nuevas ideas, pues, en palabras de Mariano José de Larra, “estas se agarran como el polvo a los paquetes y viajan también en diligencia”.