Dentro de poco, si la maldita pandemia lo permite, comenzarán de nuevo las clases. Es un momento importante porque muchos empiezan una nueva etapa educativa llena de retos, misterios y maravillas por descubrir. En estos tiempos damos por sentado que un muchacho o una muchacha vayan a la escuela pero no siempre fue así.

A principios del siglo XX en localidades como Villablino ir a la escuela era un acto cargado de una enorme responsabilidad porque no todo el mundo tenía ese privilegio. Por eso, hoy nos gustaría compartir un fantástico documento que guarda nuestro Archivo: el cartel con el que se anunciaba en 1927 la Escuela Mercantil y Agrícola que la Fundación Sierra Pambley tenía en la localidad lacianega. En él podemos leer lo siguiente:

“Como la Escuela se ha fundado para el mejor servicio de todos los que puedan utilizarla, y no de unos pocos, convendría mucho que solicitasen ingresar en ella solamente aquellos que tuviesen la intención decidida de continuar asistiendo los tres años; pues además de que este es el único medio de aprovechar la enseñanza, el que abandone la Escuela al poco tiempo de haber ingresado, no sólo pierde allí su tiempo, sino que priva a otro de aprovecharlo, ya que hasta dentro de tres años no vuelve a haber convocatoria”.

Toda una lección de responsabilidad y de solidaridad.