Miles de mujeres nos auparon con su impulso, somos sus hijas, aunque a veces no conocemos sus rostros o sus nombres

Carlota Montesnava, este nombre no lo hemos olvidado. Fue la primera de las maestras Sierra Pambley en la pionera de las escuelas de ampliación primaria de la Fundación con sección de niñas. Carlota Montesnava llegó a Hospital de Órbigo en tren, acompañada por su madre, un abril de 1897, con 39 años y más de 22 de experiencia profesional como maestra. Una mujer llegaba a trabajar, acompañada de su madre. Dejaba atrás su Oviedo natal para dar clase en un centro rural aunque adelantado, seguidor de la pedagogía de la Institución Libre de Enseñanza, pero con el enfoque social en la educación de las niñas huérfanas o de las hijas de las familias más pobres. Por eso, Carlota lo primero que hizo fue solicitar a M. B. Cossío que la suscribiera al Boletín de la Institución para estar al tanto de esa nueva pedagogía.

Carlota atendió a muchísimas promociones de niñas con un programa educativo condicionado por la sociedad del momento en la que comenzaba tímidamente a cambiar la posición tutelada de las mujeres con la educación y el acceso al trabajo. Conocer patronaje, corte y costura era imprescindible para poder elaborar la ropa de uso de la familia, que aún no se podía comprar, sí. Pero también gramática, aritmética, lectura y caligrafía, geografía, fisiología humana, geometría, higiene, historia de España, historia sagrada y doctrina. Las escuelas Sierra Pambley eran laicas, pero el Patronato dio prioridad a la educación sobre sus preferencias, pues el entorno rural del Órbigo no entendía la enseñanza sin religión.

Carlota sabía que estos conocimientos abrían la puerta a que sus niñas continuaran estudiando para maestra o para la Escuela de Comercio, dos de las pocas profesiones a las que las mujeres podían optar. La Fundación las apoyó con un sistema de becas. Y también sabía que esa semilla crecería en las niñas de sus niñas, que procurarían la educación de sus hijas y nietas para su autonomía, su independencia, la igualdad y su libertad. En 1925 Carlota Montesnava, cansada tras 50 años de trabajo, solicitó su jubilación a la Fundación Sierra Pambley, un derecho conseguido solo unos pocos años antes. Con Carlota Montesnava celebramos hoy nuestro día, el 8 de marzo.