Obras hermanas. La escuela y Patrón de costura

por | Ago 13, 2020 | Blog, Destacados, Novedades | 0 Comentarios

Comentario de Patrón de costura por Luisa Traseira, bibliotecaria y archivera de la Fundación Sierra Pambley

Comentario de la obra "La escuela" de la artista Teresa Gancedo, por Raquel Álvarez, del equipo del MUSAC

El proyecto Obras hermanas pone en común obras pertenecientes a la Colección MUSAC con obras de otras colecciones de naturaleza distinta a la de un museo de arte contemporáneo, en las que encontramos tradiciones, simbologías, iconografías, lenguajes o técnicas en común que sirven de puente y conexión entre momentos socioculturales muy distanciados en el tiempo o entre disciplinas y campos de estudio que, aparentemente, nada tienen que ver.

En la entrega de hoy “hermanamos” un patrón de costura de la Escuela Sierra Pambley con la obra titulada La Escuela, de la artista Teresa Gancedo, perteneciente a la Colección MUSAC.

Patrón de costura Escuela Sierra Pambley, 1926. Por Luisa Traseira, bibliotecaria y archivera de la Fundación Sierra Pambley

En una caja de cartón atada con una cinta, convertida en cápsula del tiempo, se encontraban recogidos y doblados cuidadosamente deseando compartir su relato, los patrones del ajuar infantil, que Luzdivina García Hidalgo realizó en la clase de corte y costura en la Escuela de Agricultura y de Ampliación Primaria que la Fundación Sierra Pambley creó en el año 1890 en Hospital de Órbigo, en León. Después de realizar un examen de ingreso en que evaluaron su aptitud, tras cumplir otros requisitos imprescindibles, como pertenecer al pueblo o a su entorno rural y formar parte de alguna de las familias más desfavorecidas de la zona, Luz García fue seleccionada para ser una de las 32 integrantes de la promoción de 1926 de la Sección de niñas de la Escuela Sierra Pambley. Sus estudios serían gratuitos incluido el material escolar que necesitara durante los seis años en que permanecería en la escuela. Era un honor acceder a estos estudios que solo podían cursar los mejores.

Con una mano de papel Manila marrón elaboró este patrón de costura cosido a pespunte con hilo blanco de una camiseta interior de niña y una braguita pañal, con una orla decorativa vegetal y de círculos calada, que sería festoneada en la pieza final. Elaboró también otros modelos, los imprescindibles para dotar de ropa a su futura crianza, en un momento en que el mundo rural no abastecía de puntos de venta de ropa confeccionada, muy escasa aún en el urbano. Firmó cuidadosamente todas sus piezas e incluso introdujo su inicial como motivo del bordado en alguna de ellas.

Este conjunto es el último expediente que ha pasado a engrosar los fondos del Archivo de la Fundación Sierra Pambley. Las escuelas Sierra Pambley, diseminadas por varias localidades de la provincia de León y Zamora desde 1887 son muestra de la renovación pedagógica que se desplegó en torno a la Institución Libre de Enseñanza, cuyo espíritu impregnó la Fundación de D. Paco Sierra, de la que fueron cofundadores, patronos y presidentes también Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Manuel Bartolomé Cossío. Esta educación pionera, laica e independiente, se alejó de la enseñanza oficial, rígida, memorística y profundamente influida por las instituciones religiosas. Con nuevos métodos pedagógicos y un revolucionario enfoque, la regeneración del país a través de la reforma integral del hombre convertido en ciudadano y formado en la libertad y responsabilidad individual a través de la educación y la capacitación profesional.

La Sección de niñas de Hospital vio la luz con la llegada de la profesora Carlota Montesnava en el año 1897 y formó a cerca de 400 niñas en un periodo de tiempo en que la población femenina era analfabeta en un porcentaje altísimo, cercano al 72% a finales del siglo XIX, pese a que la Ley Moyano de 1857 impuso la obligatoriedad de la enseñanza de niños y niñas entre los seis y nueve años. En el momento de creación de la Fundación Sierra Pambley la educación femenina era prácticamente irrelevante excepto en las clases altas de la sociedad, y con ella se introdujo un cambio de concepto pasando de la educación de adorno para el hogar, a la instrucción femenina para educar futuros ciudadanos, basada en el pensamiento de Rousseau y de los pedagogos de principios del siglo XIX como Pestalozzi o Froebel. La mujer debía ocuparse del mantenimiento de las nuevas generaciones y su educación basarse en los valores y normas del orden social, reservando al hombre el aprendizaje intelectual, propio de la esfera de lo público.

Esta nueva línea de pensamiento se plasmó en el diseño de los planes de estudio dejando un lugar más o menos amplio en la educación de las niñas para las labores propias de su sexo, como se denominaban (hacer calceta, cortar, coser las ropas comunes de uso interior de hombre y de mujer, repasar, remendar, zurcir y hacer encajes, dibujo necesario para estas técnicas y nociones de higiene doméstica) lastrando en parte el conocimiento intelectual. A pesar de este planteamiento los niños y niñas en las Escuelas Sierra Pambley cursaron las mismas asignaturas teóricas a excepción del aproximadamente 10% del tiempo lectivo dedicado a las labores de hogar, exclusivas en la enseñanza femenina. En cuanto a la organización del trabajo en la Escuela Mercantil y Agrícola que la Fundación mantenía en Villablino, niños y niñas se ocupaban de la limpieza de la escuela antes de entrar y a la salida de la clase, la sección de niñas atendía también al cuidado de la huerta y juntos disfrutaban de los juegos y salidas al campo o excursiones, destinadas a conocer el entorno y vivir en la naturaleza. Estas acciones supusieron gran avance en coeducación. Aunque las promociones femeninas quedaban reducidas inicialmente a tres años lectivos frente a los cinco que cursaban los niños, dos años más dedicados al conocimiento agrícola a través de una metodología experimental y activa, pronto se dio la posibilidad a las niñas de continuar sus estudios iniciales para prepararse para las profesiones que se consideraban adecuadas a su sexo, magisterio y comercio en este caso. La mayor presencia de la mujer en la educación primaria desembocó, no sin enorme polémica, en una mayor presencia femenina en los estudios superiores, producto del pensamiento feminista, con Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán, ambas ligadas a círculos institucionistas, desmontando la supuesta menor capacidad de la mujer para el aprendizaje y reivindicando los mismos derechos y oportunidades que el hombre.

Esta nueva educación implantada por la Fundación Sierra Pambley en un entorno rural supuso un impulso del movimiento feminista en España, aún retrasado con respecto a Europa, que eclosionará con el derecho al voto femenino durante la Segunda República. En cuanto a la educación de mujeres que enseñan a mujeres, la formación de las maestras desde el siglo XIX era bastante pobre, sabían leer, pero muchas ni siquiera escribir, pero eran conocedores del catecismo, bordado y costura, conocimientos que se consideraban suficientes. Hasta la Ley Moyano de 1857 no se requiere cursar enseñanza reglada para obtener el título de maestra, que presenta menor nivel cultural y pedagógico que el exigido a los maestros. Incluso la Ley Orovio de 1868 decretaba que el sueldo de la maestra debía ser 2/3 del del maestro. Con la regulación de los estudios por la Escuela Normal de maestras (aunque aún mantenía materias consideradas como femeninas) y con la equiparación salarial esta situación fue nivelándose.

La Fundación Sierra Pambley daba especial relevancia a la figura del maestro extendiendo la labor pedagógica más allá de los márgenes de la escuela, como modelo de comportamiento, cercano y familiar. Los maestros y maestras Sierra Pambley fueron fruto de una esmerada selección y formación, becados por la propia Fundación en las mejores escuelas europeas y retribuidos equitativamente. Las mejores alumnas de cada promoción se seleccionaban anualmente y fueron pensionadas hasta llegar a conseguir sus títulos. Pongamos nombre a nuestras protagonistas femeninas. Esther Uceda, maestra de Hospital, preparó y dirigió a las candidatas. Carmen Losada asistió a las clases de francés impartidas en la Escuela de León mientras se estudiaba para maestra, profesión que luego ejerció en la misma escuela de Hospital de Órbigo. Las becas otorgadas para los estudios de Magisterio y Comercio incrementaron sobremanera el número de solicitudes para ingresar en la escuela y elevaron el nivel cultural de cada nueva promoción, jugando un papel clave en el acercamiento de las nuevas reivindicaciones feministas de acceso al trabajo e igualdad en los medios rurales en que se situaron las escuelas.

Pero todos estos deseos de renovación, tras el gran impulso que ofreció la Segunda República, se vieron truncados con la dictadura, que supuso una terrible regresión conservadora, escenificada en la Sección femenina de la Falange, que impartió de forma obligatoria en todas las escuelas de España la imagen de la mujer como ama de casa, madre y esposa. Tras la muerte de Franco, la ley General de Educación de 1970 logró la plena educación femenina, aunque sin eliminar la etiqueta de género, rastreable en asignaturas específicas, como hogar y pretecnología, la orientación a profesiones concretas, y a través de los libros de texto que perpetuaban los roles de un modelo de familia con la mujer encaminada al cuidado y omisión modelos femeninos de proyección social y política.

En el año 2020 la coeducación sigue siendo un reto pese al camino recorrido y la gran regulación normativa. Sigue siendo necesario fomentar la igualdad, combatir la discriminación y los estereotipos de género. Durante la pandemia del COVID 19 que estamos padeciendo, con la necesidad del teletrabajo y la pérdida de los sujetos sociales que se ocupan del cuidado, junto con el cierre de colegios y guarderías se están agravando los problemas de conciliación familiar, y a pesar de la mayor participación de los hombres, está provocando una mayor carga de trabajo para las mujeres con el cuidado del hogar y apoyo educativo para los hijos. Las mujeres también son quienes están flexibilizando más sus empleos para cuidar (la parcialidad femenina en Castilla y León ha subido hasta un 79%). Este es un problema que atañe a la sociedad en su conjunto, no podemos permitirnos un retroceso en los derechos de la mujer, debemos conseguir la corresponsabilidad y eliminar la brecha de género.

Los patrones y trabajos escolares y los textos que conserva el Archivo Sierra Pambley de Luz García, todos firmados, son una viva muestra de la satisfacción y el orgullo por asistir a la escuela, por el aprendizaje y por el progreso y del mirar esperanzado a un futuro prometedor como profesional independiente, como maestra, bachiller y diplomada en la Escuela de Comercio que llegó a ser. Fue la reja que entreabrió a una niña de un pueblo de una vega agrícola leonesa la educación de la Escuela de Ampliación Primaria Sierra Pambley de Hospital de Órbigo.

Hoy hermanamos su trabajo con otra visión de la Escuela, de Teresa Gancedo