El patrimonio era enorme. La familia Sierra Pambley había acumulado gran cantidad de tierras entre las que se encontraban la Dehesa de Requejo y Quintanilla en la Tierra de Tábara, en Zamora, donde sus rebaños trashumantes de merinas pastaban dos veces al año, esas tierras que más tarde quedarían dormidas bajo las aguas del Duero en el pantano de Ricobayo. Allí Don Paco Sierra, frugal, austero y conocedor de las gentes de la comarca, -se alojaba en el chozo del pastor cuando visitaba sus rebaños-, decidió crear para ellos una nueva escuela, en Moreruela, en 1897.

Treinta niños de entre diez y doce años serían becados en promociones de dos a cuatro años, por su valía, examinada en una prueba de acceso, pero en igualdad de circunstancias preferiblemente huérfanos, hijos de viuda o de padres pobres. Era la Escuela de Ampliación de Instrucción Primaria, la más humilde de la Fundación Sierra Pambley. Vicente Álvarez, uno de sus maestros, redactó en 1903 su Reglamento estableciendo los deberes generales, castigos, premios y paseos de esparcimiento y prácticas agrícolas, basado en una relación de afecto entre maestro y alumno, y elaboró el programa didáctico seleccionando las asignaturas que impartiría. En diciembre de 1914 el maestro escribe a D. Paco “Como premio a los chicos sobresalientes, he regalado 5 prendas de vestir por valor de 8 pesetas: el efecto moral ha sobrepujado a la recompensa consistente en libros de lecturas morales e instructivas como lo venía haciendo en los exámenes anteriores”.

Don Paco Sierra supervisó su funcionamiento todos los meses y recibió las calificaciones e informes sobre los alumnos trimestralmente, de esta y de todas sus escuelas. Conmueve ver su temblorosa letra de anciano en las cartas que enviaba dando indicaciones a Vicente Álvarez en los últimos días de diciembre del año 1914, a la edad de 88 años, un mes antes de su muerte.