Fernando I y doña Sancha, reyes de León, necesitaban sancionar la Iglesia y el Panteón que estaban construyendo con unas importantes reliquias que fueran veneradas en toda la cristiandad. Enviaron a san Albito a Sevilla a recoger los vestigios de santa Justa, pero san Isidoro, a través de un sueño, mostró a san Albito el lugar donde reposaban sus restos mortales desde el día de su muerte, 4 de abril del año 636. Emprendieron viaje a León y las reliquias se alojaron en la basílica, que fue consagrada a su nombre en el año 1063 y que aún las custodia.
Siglos más tarde, Felipe Sierra Pambley, político liberal ilustrado y amante de los libros adquirió una hagiografía sobre san Isidoro, el eclesiástico hispanogodo que compiló el saber antiguo, desde el derecho y la música a la astronomía y la historia, en una importante enciclopedia, las Etimologías. Se trataba de la Vida y portentosos milagros de san Isidro, arzobispo de Sevilla, de Joseph Manzano, editado en 1732 por la Imprenta Real de Salamanca y tasado en el propio libro a un precio de 711 maravedís, que conserva la Biblioteca Azcárate de la Fundación Sierra Pambley y se exhibe al público en el Museo Sierra Pambley de la ciudad de León.